Pronunciamento: "Asamblea Anual de Gobernadores del Banco Interamericano de Desarrollo" - "Seminario Liderazgo Juvenil en el Siglo XXI" - Fortaleza/CE, 7 de Marzo de 2002
Fortaleza/CE
7 de Marzo de 2002
Panel: La Juventud y la Capacitación: Aprendizaje de por Vida en la Economía del Conocimiento
Durante mucho tiempo, el consenso dominante en los organismos internacionales, en los medios académicos del primer mundo y, por supuesto, en los equipos económicos de los gobiernos de los países en desarrollo se traducía en la expectativa de que el crecimiento económico por si solo terminaría por corregir las profundas y variadas desigualdades sociales responsables de los déficits crónicos de educación, salud y de todos los otros indicadores de bienestar. Esta fórmula de política económica utilizaba una metáfora hidráulica: la fertilización del suelo por el goteo (trickle-down) de los beneficios del crecimiento económico. Este modelo ha fracasado rotundamente en América Latina.
La conyuntura actual impone nuevos desafíos para pensar políticas para la juventud que sean coherentes con las tendencias económicas, sociales y demográficas contemporáneas.
Los jóvenes de 15 a 24 nunca fueron tan numerosos en el conjunto de la población. Ese fenómeno apenas amplia y nos permite ver de forma más nítida las distorciones que la desigualdad genera en nuestra región, haciendo con que el acceso diferenciado a bienes educacionales e informativos genere un cíclo de desigualdad, exclusión y pobreza.
Este abismo es profundizado por la vigencia, generalizada en América Latina, de dos políticas juveniles paralelas y absolutamente impermeables entre sí: para los "incluídos", programas educacionales, culturales, profesionalizantes y de diversión; para la mayor parte de los jóvenes "excluidos", políticas represivas de seguridad pública y justicia.
En los dos segmentos, pero sobretodo en el segundo, es necesario que la familia, la escuela, el gobierno, los medios, las organizaciones de la sociedad civil y del sector privado adopten una nueva actitud hacia la integración, dignificación y valorización de la juventud en su conjunto.
Hay que notar que esa postura además de ser más inteligente es más racional del punto de vista económico. En el Brasil, por ejemplo, el costo de mantener un joven en el sistema penitenciário aciende a aproximadamente US$ 700 mensuales. Datos recientes de la Fundación Getúlio Vargas muestra, por ejemplo, que en 2001 Brasil gastó 1,6% de su Producto Interno Bruto con los efectos de la violéncia . El vínculo de ese mismo indivíduo a organizaciones de la sociedad civil que trabajan con el fortalecimiento del capital social juvenil mediante actividades culturales, artísticas y voluntárias llegan a apenas US$ 60. un estudio reciente del BID, Fundación Kellogg y UNESCO revela que en este país la aplicación de U$ 200 mensuales por joven en situación de riesgo mediante el trabajo de ONGs sería satisfactório para mantener las experiencias con alta calidad y reproducirlas en contextos diferentes.
Es en ese contexto que la juventud aparece hoy como uno de los grandes desfíos para las políticas públicas latinoamericanas, ya sean gubernamentales o no. La capacitación se coloca por lo tanto en un cuadro más amplio donde la lucha contra las desigualdades económicas, sociales y de conocimiento es el principal vector del trabajo de gobiernos, sociedades y sectores privados.
Yo considero que en Brasil hay ejemplos concretos de políticas públicas para jovenes estructuradas sobre un fuerte componente de financiación internacional y cooperación técnica com agencias de Naciones Unidas que han sido capaces de dibujar una respuesta innovadora y que, para mi, está en el centro del desarrollo internacional contemporáneo: la asociación de estructuras estatales a organizaciones civiles que conjuntamente formulan e implementan acciones para jovenes de forma decentralizada.
Si uno piensa en este marco conceptual, es posible concibir un programa de capacitación que atienda a las necesidades de poblaciones locales específicas y no se limite a reproducir conocimientos y fórmulas elaborados en oficinas nacionales. Si el gobierno central sabe identificar, seleccionar y promocionar iniciativas sociales exitosas en el campo de la capacitación (ya sea profesional, artística, civil etc.) mediante recursos nacionales e internacionales, está generando una reacción en cadena muy positiva en escenários de pobreza y desigualdad como los que caracterizan nuestra región. Un ejemplo de este tipo de preocupación son los trabajos cuantitativos y cualitativos que tienen por objetivo ofrecer un mapa de las angústias, problemas y aspiraciones de la juventud en grandes centros urbanos o en el mundo rural de hoy. Mediante ese esfuerzo UNESCO viene promocionado várias acciones locales y nacionales para reducir los índices de violencia entre jovenes y aumentar los de inclusión social y participación.
Otra forma concreta, desarrollada por várias secretarias de educación brasileñas y UNESCO, es utilizar los espacios ociosos de las escuelas públicas de regiones com altos índices de violencia durante los fines de semana. En esas ocasiones los jovenes y los organizadores se organizan para definir las actividades que realizarán a lo largo de un período y com pocos recursos se consigue la mobilización de toda la comunidad local. El resultado es la existencia de un espacio de sociabilidad alternativo donde el joven practica actividades culturales, deportivas y musicales, se suma a la escuela y la proteje como patrimonio de la comunidad. Este proyecto incorpora una inovación al tomar el joven como un participante del debate sobre los problemas de su comunidad y de la sociedad contemporanea, promocionando la reflexión creativa en relación al futuro.
Finalmente, es importante citar la participación del sector privado, que es fundamental. El sector privado es co-responsable en la oferta de oportunidades de capacitación. El ejemplo más significativo en el Brasil talvez sea la Confederación Nacional de las Indústrias, mediante su agencia del Servicio Social de la Indústria (SESI). Ellos son responsables por el mayor programa de capacitación de jovenes profesionales en todo el país, y lo vienen haciendo de forma exitosa con vários partners, entre ellos la Universidad de Brasília y la UNESCO. Las dimensiones de esta actividad son bastante llamativas. En 2001 fueron entrenados uno millón, novecientos mil ciudadanos. Las acciones conjuntas que llevamos a cabo para vincular al sector privado en este programa educacional tiene por premisa un estudio del Banco Mundial que revela números sorprendentes: cada año más de educación en la vida de la población economicamente activa genera un aumento del orden de 20% en el Producto Interno Bruto del Brasil.
La democratización de las oportunidades de educación es indispensable para abrir oportunidades de crecimiento a la juventud. A rigor, el gran problema de la capacitación es la mejoría de los currículums y de los profesores. Hay iniciativas importantes que trabajan de esa manera, como la Secretaria Brasileña de Educación Media y Tecnológica del Ministério de la Educación.
Para realizar un ejercício de ese porte, las agencias internacionales, financieras o técnicas, pueden contribuir de várias maneras. La primera es asegurar que el país cuente con un sistema de identificación de problemas y oportunidades. O sea, mapas cuantitativos y cualitativos que permitan elejir objetivos consistentes con las necesidades locales.
La segunda es sumar instituciones nacionales a los proyectos gubernamentales. Estas agencias están en posiciones singulares para promover la aproximación de organizaciones e institutos que trabajan en áreas tangenciales pero que tradicionalmente no coordinan sus esfuerzos. La tercera es ofrecer transparencia y flexibilidad administrativa para que los proyectos puedan avanzar rapidamente mediante espuestas concretas a problemas específicos.
Muchas gracias.

