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Un Erasmus para Argentina

Artigo publicado no La Nación no dia 14 de setembro de 2004

Jorge Werthein*

Después de la Segunda Guerra Mundial, los líderes europeos  dieron inicio a uno de los experimentos más ambiciosos jamás realizados: el proceso de integración europea. Apoyándose en la idea de conseguir una mayor proximidad e interdependencia entre los países de la región, a tal punto que una guerra entre ellos fuese inimaginable, esos líderes consiguieron establecer un nuevo ritmo de prosperidad y desarrollo en el Continente Europeo.

No obstante, a pesar del éxito de las acciones políticas y económicas para la integración regional, esos líderes europeos aún se hacían una pregunta fundamental: qué hacer para que la cultura de integración, de tolerancia y de convivencia intercultural no se mantuviese limitada a las elites políticas, y pudiese llegar efectivamente a las poblaciones  europeas. Aunque la integración, inicialmente económica, se "haya desparramado" hacia la arena política, después de un tiempo se notó que un proyecto verdaderamente sostenible tendría que contar con la integración de "corazones y mentes" de los ciudadanos europeos, sin la que todo el proyecto estaría condenado al olvido.

Se intentó responder a tal desafío de varias maneras: eventos culturales continentales, como la elección anual de las "Capitales Culturales de Europa", torneos deportivos, fortalecimiento de las instituciones más cercanas a las poblaciones, como el Parlamento Europeo. Todas esas acciones tuvieron gran repercusión y contribuyeron para robustecer el sueño de una Europa integrada. Sin embargo, ninguna de ellas tuvo tanto impacto en la creación de una "conciencia continental" como un programa inaugurado en 1987 por la Comisión Europea para apoyar el intercambio de estudiantes universitarios.

Al Programa se le bautizó con el nombre de Erasmus, en homenaje al filósofo, teólogo y humanista, Erasmo de Rótterdam 1465 - 1536), un icono de la interculturalidad,  que vivió y trabajó en diferentes lugares de Europa, en búsqueda del conocimiento y de la experiencia que sólo podrían obtenerse a través del contacto con otros países. El Programa Erasmus se basaba en un lema simple: "llevar los estudiantes a Europa, y llevar Europa a los estudiantes", lo que permitiría, por un lado, que los estudiantes universitarios pudiesen pasar un periodo de sus estudios en una institución de educación superior en otro país del continente, y por otro, que se incentivase la inclusión de temas compartidos entre los países europeos, en los programas de estudio de diversos cursos universitarios, de forma a aumentar el conocimiento de los estudiantes acerca de Europa. En 1987, cuando se lanzó la idea, solamente 3000 estudiantes recibieron contribuciones para poder conseguir participar en el Programa en 11 países. Quince años después, en el 2002, se conmemoró la cifra impresionante de 1 millón de estudiantes atendidos en 30 naciones europeas.

Aunque el componente lingüístico no esté presente, Argentina es un país de grandes disparidades regionales, con tradiciones locales tan distintas y características como las que hay entre los países de Europa. Por lo general, nuestros estudiantes universitarios tienen un conocimiento limitado de las especificidades de otras regiones, por lo que se reproducen estereotipos y prejuicios que deben superarse. En una ambiente tal, por qué no incentivar el desarrollo de un programa nacional de intercambio como el modelo del Programa Erasmus?

Está claro que en Argentina existe una cantidad de estudiantes que se mudan de sus ciudades para estudiar en los grandes centros de enseñanza. Pero lo que se le ofrece al estudiante, en el caso de Erasmus, es la posibilidad de vivenciar, durante un periodo determinado - 1 a 2 semestres -, el ambiente académico y cultural de otra institución de enseñanza; eso le proporciona a su universidad de origen un posterior retorno, donde actuará como multiplicador del conocimiento adquirido.

Los beneficios son bien evidentes. En términos personales, se debe destacar el intercambio de  experiencia con los alumnos y profesores de otra institución de enseñanza como elemento central para la formación del estudiante. Además, se le ofrece la oportunidad de disfrutar de un nuevo ambiente académico, muchas veces en instituciones de excelencia en el país, lo que contribuye decisivamente en favor del desarrollo intelectual del alumno. Además, en lo que respecta a los beneficios al país, es importante mencionar que la creación de vínculos entre estudiantes de diferentes regiones haría aumentar substancialmente nuestro capital social, elemento fundamental para el desarrollo de toda nación. Incluso, se da la posibilidad de intercambio con grandes centros de investigación y enseñanza, lo que permite la formación de mano de obra cualificada en todas las regiones argentinas y, a mediano plazo, la creación de ejes de desarrollo en el país.

En un segundo momento, una iniciativa de ese tipo podría extenderse y profundizarse con los socios del Mercosur, lo que haría que esa importante iniciativa de América del Sur sea algo más próximo y concreto para ciudadanos de la región. Se reducen así las barreras, inclusive lingüísticas, entre nuestras sociedades vecinas, lo que abre nuevas oportunidades de intercambios culturales, sociales y comerciales entre los países del Mercosur. Las crisis que afectaron al bloque en los últimos años demuestran la urgente necesidad de profundizar la integración, como lo han defendido varios líderes de la región. Lo demuestra ya la experiencia europea: una de las mejores formas  de conseguir ese objetivo es invertir en nuestros jóvenes universitarios.

Seguramente, la promoción de una actividad como el intercambio estudiantil contribuirá decisivamente para el aumento de la "conciencia social" de nuestros estudiantes, así como para abrir nuevos espacios de cooperación ínter universitaria que seguramente le darán un gran incentivo a la mejoría de calidad de la enseñanza en las universidades argentinas. Por lo tanto, debemos "llevar los estudiantes a Argentina, y llevar Argentina a los estudiantes".


*Jorge Werthein, argentino, es Representante de la UNESCO (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, Ciencia y Cultura) en el Brasil.

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